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La serie de conciertos llamada Latidos del Mundo presentó ayer en El Plaza Condesa a Zakir Hussein y los maestros de la percusión.

El recinto estaba preparado para recibir solemnemente a este maestro hindú, así que se pidió al público que ingresara a la sala en silencio, sin bebidas o alimentos, ni cámaras fotográficas o de video, y permanecer en silencio para apreciar toda la gama de sonidos que Zakir Hussein y los precusionistas que lo acompañaban estaban a punto de crear.

La velada duró aproximadamente dos horas y media, y logró llevar al publico asistente por un energetizante viaje por escenarios indescriptibles, cada movimiento ejecutado por las manos de Zakir Hussein emanaban un sonido diferente y creaba toda una armonía que sorprendía al público, pues iniciaba suave y solemne, para convertirse después en una pieza rápida y ágil, todo un conjunto de sonidos que a velocidad y ritmo incontrolables, era difícil adivinar de cuál de todos los instrumentos provenían. 

Maestro de la tabla, el instrumento de percusión más popular en el norte de la India, que consiste en dos tambores de madera y metal cubiertos por una piel, tocados uno con cada mano, Zakir Hussein estuvo acompañado de músicos que ejecutaban el Mridangham, instrumento de percusión con forma de barril, el Gatham, una vasija de barro cuyo sonido acuoso producido al golpear el cuello, como los golpes agudos que se obtienen en su superficie con la palma de la mano y los pulgares nos recuerdan a la tierra y al agua que le dan origen, el sarangi, un instrumento de cuerdas con un dulce e hipnotizante sonido, y también el Bansuri, flauta de bambú que es de los instrumentos más antiguos y característicos de la India.

El público, respetablemente, guardó silencio durante todo el recital y estuvo atento a la atmósfera de sonidos que envolvió al corazón de la Condesa.