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Por Donají Chávez

La noche del viernes 10 de agosto se convirtió en una velada repleta de ritmos, poesía y matices muy mexicanos en El Plaza Condesa con la presentación de Son de Madera, Los Utrera y Ramón Gutiérrez Septeto, agrupaciones de la región del Sotavento veracruzano que compartieron su tradición musical con los asistentes al Son AfroAndalúJarocho, de Latidos del mundo.

Entre son jarocho y fandango, que se caracterizan por tener rasgos andaluces e influencia africana, la constante fue el agradecimiento por parte de los grupos hacia el público por hacer posible que se abran nuevos espacios a la música mexicana. Así, la propuesta musical y escénica que se presenció y llevó a los espectadores directo a sus raíces, inició con el Septeto de Ramón Gutiérrez Hernández y su “Tarantela”.

Vestido con la clásica guayabera y portando sombrero, el músico y compositor Ramón Gutiérrez conquistó con su grupo a los presentes. La cohesión instrumental, aunada a las voces y al baile folclórico del fandango, se desplegó en “Poblanas”, transportó a todos al malecón en “Pescador”, creó un ambiente de solemnidad con el “Son de la Virgen”, dejó fluir y liberar sentimientos con “Colibrí” y dio fortaleza a la identidad mexicana con “Esperanza”: un tema cuya principal reflexión fue valorar la herencia de ser mexicanos y en el que la vocalista, con un timbre cálido, entonaba “por si el mundo cae, no dejes jamás de llevar amor”.

La fiesta se armó con la familia Utrera, cuyo show dio paso a que adolescentes, jóvenes y adultos se congregaran y zapatearan en un entarimado que se colocó en el centro de la zona general del recinto. “El son huasteco está presente aquí con Los Utrera”, fue el preámbulo para que con guitarras de son, leona, quijada y pandero, dispuestos en un semicírculo en el escenario, los integrantes del grupo tocaran “Cielito lindo-Butaquito”, “Canelo”, “Celoso, presumida”, la tradicional “Cascabel” y “Toro Zacamandus” a la par que enunciaban versos o contaban anécdotas entre canción y canción.

“Gallo, gallito cantor: cántale a la vida, cántale al amor” fueron de los primeros versos con los que Son de Madera continuó la expresión artística del son jarocho, género que ha pasado de generación en generación y que también le rinde tributo a la naturaleza con temas como “El camotal”, un son que habla del campo y que Ramón Gutiérrez dedicó a su mamá, quien se encontraba entre el público.

“Balajú” fue el tercer tema que interpretó Son de Madera, seguido de “Los chiles verdes”, un hermoso lamento con el cual se recordó que “ni con la ausencia se olvidan las horas que se han gozado”. La poesía, acompañada de la extraordinaria voz de la vocalista, y el virtuosismo de los músicos con sus instrumentos, retumbó con “Pájaro Cu”, “Las olas del mar”, “La iguana” y “El amanecer”.

“Te queremos México, vamos a terminar con algo que nos da orgullo y que se ha cantado en diferentes partes del mundo”: después de tres horas de baile, risas, música, diversión y convivencia familiar, los tres grupos unieron su talento y experiencia para complacer a los presentes con “La Bamba”.

Justo cerca de las 12 de la noche fue bonito volar y dejarse caer en la sombra de la noche con “La bruja”, interpretada por Son de Madera, que cedió el escenario a Los Utrera para que pusieran fin a una magnífica noche de Latidos del mundo.