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Por Viridiana Lazarini
Hariprasad Chaurasia, un nombre que, tal vez, para muchos suene poco familiar; pero que en realidad, es el de un artista reconocido en todo el mundo gracias a su talento al tocar el bansuri, una flauta de bambú procedente del norte de la India.

Precisamente la noche del 4 de febrero, desde la India llegó Hariprasad Chaurasia con su bansuri, acompañado por sus cuatro músicos, para ser parte de la serie Latidos del Mundo en El Plaza.

Y lo que se vivió esa noche en El Plaza, fue algo novedoso y diferente a lo que se había presentado en dicho inmueble; ya que es la primera vez que hay un concierto que de desarrolla bajo una atmósfera puramente espiritual, al grado de que no se permitió el consumo de alimentos y bebidas dentro del lugar, esto con el fin de no distraerse y que la gente se pudiera concentrar en la música.

Hariprasad Chaurasia es una figura que inspira respeto y tranquilidad, por lo que desde el momento en que salió al escenario con sus músicos, los asistentes se mostraron atentos a lo que sucedía en el escenario.

El recital comenzó cuando los cinco músicos tomaron su lugar, acomodándose en el piso en posición de loto, la cual les brindaría comodidad y concentración para que cada quien ejecutara sus instrumentos.

Las primeras notas del bansuri fueron suaves y a un nivel bajo de intensidad; en El Plaza se escuchaba un silencio que sólo daba lugar a la gama de sonidos que ofrecía la flauta, un tanpura (cordófono de cuatro cuerdas) y una percusión llamada tabla con los dedos.

En ese momento, el tiempo y el espacio se desvanecían y carecían de importancia; más bien la música que creaba Hariprasad Chaurasia, lograba transportarte a cualquier otro lugar donde se podía sentir la paz y tranquilidad.

Ni siquiera era necesario mirar todo el tiempo hacia el escenario, donde los músicos ejecutaban con precisión sus instrumentos; por momentos los asistentes podían cerrar los ojos y simplemente disfrutar las melodías que se emitían, principalmente, por el sonido del bansuri.

Claro que al abrir los ojos, era impactante ver cómo es que cinco personas eran capaces de crear esa música; también ver a Hariprasad Chaurasia era parte de esa experiencia, ya que es un músico de 73 años, que comenzó su trayectoria a los 15 y que a lo largo de su vida se ha dedicado a desarrollar una técnica para perfeccionar su respiración y control de aire que le permiten expandir la gama de sonidos que puede emitir una flauta de bambú con sólo seis orificios.

Todos estos hechos hicieron que El Plaza tuviera una noche especial y bastante espiritual, la cual concluyó con los aplausos y agradecimiento del público hacia Hariprasad Chaurasia, por traer a nuestro país un poco de la música tradicional de la India.