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Por Donají Chávez

Los Latidos del mundo de la noche del 8 de septiembre fueron sublimes y bien marcados por el flamenco, jazz, soul y blues de Concha Buika. La hija negra de Chavela Vargas, la Reina del flamenco, aquélla que vieron en La piel que habito, película de Almodóvar, y quien fuera premiada por el álbum La niña de fuego, se presentó en El Plaza Condesa y concluyó así su gira por Latinoamérica.

Buika, la mujer que le canta a la mujer, que ata y desata nudos en la garganta con una facilidad y habilidad impresionantes, despertó piropos y ovaciones continuas gracias a su talento, y es que la música la lleva por dentro y le brota en forma de canto, de susurros, de gritos melodiosos que se traducen en vivencias, recuerdos, ilusiones y reflexiones.

Con su cabellera alborotada y ataviada con un vestido negro, Buika recibió a los asistentes con una sonrisa franca y las notas de “Sueño con ella”. “Buenas noches y bienvenidos a una noche antigua. No sé por qué pero esta noche no nos va a dar miedo recordar: a mí no”, dijo Buika con firmeza para continuar la velada con “Mi niña Lola”.

“Volverás” fue dedicada a "la rebeldía que todos tenemos dentro, ésa que dice: no importa lo que me digas, no importa lo que me hagas, mi locura es muchísimo más grande”, y antes de interpretar este tema, la cantante también comentó: “Hace algún tiempo perdí a mi pareja de amor, hoy descubrí que me ha dolido, pero me dolería más no estar esta noche aquí(…) que uno se vaya es que el otro recupera el amor a sí mismo otra vez”.

Para toda hermana “Jodida pero contenta”, Buika dedicó esa canción y después narró anécdotas; contó que después de decirle a Chavela Vargas que se sentía sola, ésta le dijo: “No seas tonta”. “Me dijo cosas peores, pero ésta fue de las más finas. Me dijo, y no me queda más que transmitir lo que dijo: la soledad es la mayor de las libertades, es el único lugar en el que un ser humano se puede construir sin necesidad de otros. Transmití el mensaje. Mamá Chavela: te adoro”.

Acto seguido, la cantante deleitó al público con “Oro santo”, un lamento que con notas de un piano nostálgico pregona lo siguiente: “si tu volvieras, callaría las cosas para que pudieras oír mi canto desesperado”, y justo así fue el canto de la afroespañola.

“Llegó la hora del show en la que me atrevo a hablar con más libertad todavía. En este momento me apetece dedicarle de corazón esta canción al amor que nos queda, y lo hago con una plegaria: virgen santa que cuida a todos los pecadores como yo, te pido de corazón que las personas que se marchan por cuenta propia no vuelvan nunca más(…) Siempre nos ocupamos de los demás, ¿y nosotros pa’ cuándo?(…)Hoy decido creer que la locura es rentable(…) ¡Que Dios bendiga al mariachi!”. Dicho esto, el público emocionado coreó “El último trago” de José Alfredo Jiménez.

“Llevé a José Alfredo Jiménez y Chavela Vargas a Noruega, me autoproclamé hija de Tepoztlán y mentí: dije en Noruega que era de México y los noruegos adoraron México”, exclamó Buika, quien a su vez declaró ser asesina de amor y cantó “No habrá nadie en el mundo”, “Luz de luna”, “Mentirosa” y “Duele el amor”.

“Yo que soy la de lo prohibido, yo que le digo no a la culpa porque no me la creo(…) yo que soy nada y por eso me permito hacerlo todo, yo bendigo está muerte de amor que le dio paso a esa otra muerte de amor que me dejó en brazos de la muerte. ¡Que Dios bendiga esta tierra!”. Estas palabras marcaron la recta final del show, donde Concha Buika complació a hombres y mujeres con “Se me hizo fácil” y una interpretación gloriosa de “Nostalgias” que llegó a cada rincón de El Plaza Condesa e hizo palpitar corazones en una noche más de Latidos del mundo.